18 de maig de 2010

Homenatge als soldats de la República a La Serra d’Almos

El passat diumenge es va celebrar l’acte d’homenatge dels 179 soldats republicans que restaven enterrats en una fosa comuna del cementiri de La Serra d’Almos.


L’acte, senzill i molt emotiu, va tenir lloc al mateix cementiri de la Serra d’Almos i hi van participar amb un parlament la regidora delegada de La Serra d’Almos, Lourdes Pena i la directora general de Memòria Democràtica Maria Jesus Bono. Durant el transcurs del mateix es va descobrir una placa commemorativa amb els noms dels 179 soldats enterrats en una fossa comuna del cementiri entre el 20 de setembre i el 21 de novembre de 1938 provinents de l’hospital que l’exèrcit republicà tenia establert al Mas d’Alerany (col·lectivitzat l’any 1936) i on hi diuen els soldats ferits de la Batalla de l’Ebre per, posteriorment, ser traslladats a hospitals de la reraguarda.


Segons explicà Lourdes Pena, dels 179 soldats, només van poder contactar amb la família d’un d’ells, José Cabrero Callau amb grau de sergent del Batalló 519 de la 130ª Brigada mixta de l’Exèrcit popular de la República, d’afiliació anarquista i natural de la província d’Osca. Dos de les netes de la seva germana, d’avançada edat, van assistir a l’homenatge visiblement emocionades.


L’homenatge va finalitzar amb l’ofrena floral de tots els assistents que dipositarem un clavell al peu de la placa desprès d’escoltar el Cant dels Ocells interpretat per un veí de La Serra d’Almos.


Amb aquesta ja son 11 les dignificacions de fosses comunes que ha impulsat la Direcció General de Memòria Democràtica de la Generalitat a més de la recuperació de més de 600 restes òssies humanes de la Guerra Civil d’un total de 12 actuacions en fosses i quatre que es troben en estudi (Ribera d’Ebre, Terra Alta, Baix Camp, Anoia i Noguera).

4 comentaris:

Anònim ha dit...

zona roja, se prohíbe el culto, se destruyen las iglesias o se trasforman en almacenes, se asesina a católicos, sacerdotes y monjas y se expropian de las propiedades eclesiásticas. Todo ello con destrucción de millares de obras de arte de incalculable valor, pedidos para siempre. En las páginas sobre la República y guerra se muestran cientos de datos sobre crímenes de milicianos y milicianos contra la libertad religiosa.
Fueron asesinados por miembros del bando republicano y por motivos religiosos:
- 13 obispos (Nieto, de Sigüenza; Huix, de Lérida; Laplana, de Cuenca; Asensio, de Barbastro; Serra, de Segorbe; Basulto, de Jaén; Borrás, de Tarragona; Esténaga, de Ciudad Real; Ventaja, de Almería; Medina, de Guadix; Irurita, de Barcelona; Ponce, de Orihuela; y Polanco, de Teruel).
- 4184 miembros del clero secular, seminaristas incluidos.
- 2365 religiosos.
- 283 monjas.
A parte fueron asesinados varios miles de personas no tanto por razones políticas sino religiosas.

memoria ha dit...

El cura del penal de Ocaña era conocido como el “cura verdugo” porque era el encargado de dar los tiros de gracia. Así se puede leer en estos versos de Miguel Hernández, escritos en la clandestinidad de la cárcel de Ocaña en 1941 poco antes morir:

Muy de mañana, aún de noche,
Antes de tocar diana,
Como presagio funesto
Cruzó el patio la sotana.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

Llegó al pabellón de celdas,
Allí oímos sus pisadas
Y los cerrojos lanzaron
Agudos gritos de alarma.
“¡Valor, hijos míos,
que así Dios lo manda!”
Cobarde y cínico al tiempo
Tras los civiles se guarda,
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

Los civiles temblorosos
Les ataron por la espalda
Para no ver aquellos ojos
Que mordían, que abrasaban.

Camino de Yepes van,
Gigantes de un pueblo heroico,
Camino de Yepes van.
Su vida ofrendan a España,
Una canción en los labios
Con la que besan la Patria.

El cura marcha detrás,
Ensuciando la mañana.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

Diecisiete disparos
Taladraron la mañana
Y fueron en nuestros pechos
Otras tantas puñaladas.

Los pájaros lugareños
Que sus plumas alisaban,
Se escondieron en los nidos
Suspendiendo su alborada.

La Luna lo veía y se tapaba
Por no fijar su mirada
En el libro, en la cruz
Y en la “star” ya descargada.
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

memoria ha dit...

Cuando cae Teruel en manos del ejército republicano el 8 de enero del 38 se encuentra allí el Obispo Polanco, que organizó y financió con los fondos de la Bula de la Santa Cruzada, una guerrilla que desde Albarracín, por el frente discontinuo del Bajo Aragón, se introducía en la zona republicana para emprender actos de sabotaje. Así lo confirma el monje benedictino Hilari Raguer en su libro La pólvora y el incienso (Ediciones Península), donde, en la nota 20 de la página 235 dice textualmente:

"Me consta esta actividad guerrillera del obispo Polanco por habérmela referido el Rdo. Juan Antonio Martínez García (q.e.p.d.), de la diócesis de Tortosa, sobrino del canónigo de Albarracín don Javier García Blasco, que fue apresado en Teruel junto con su prelado y el Vicario General de la diócesis, don Felipe Ripio Morata. Además, el antes citado A. del Fueyo, en su hagiografía, se le escapa decir que cuando apresaron a monseñor Polanco le quitaron algún dinero que procedía tal vez de la Bula de la Cruzada, un fondo que solía ir a las manos de los famosos guerrilleros"

Pero además, su colaboración con los “nacionales” hace que el 3 de agosto de 1937, para ocultar la violencia fascista, envíe la circular Instrucciones y normas a los señores arciprestes y curas" en la que ordena tipificar la muerte de los republicanos desaparecidos como “a consecuencia de los trastornos producidos por los acontecimientos recientes”. Así, protocolizaba como debían realizarse las inscripciones en las tumbas: Si el cadáver encontrado sabían que había muerto a manos de los republicanos, debia constar como “asesinado”; si, por el contrario había caído bajo el fuego de una “autoridad militar” (nacionales), entonces seria “fusilado”, pero solo cuando constara “oficialmente” o fuese “notorio”. La realidad es que pocos aparecieron como “fusilados”, a la mayoría se les tipifico con denominaciones tan enrevesadas como “accidente relacionado con la guerra”, “hemorragia interna” o “herida por arma de fuego”.

Otra circular del 9/11/1936 del obispo de Ávila, santos Moro:
“Cuando se trate simplemente del caso (¡tan frecuente como lastimoso!...) de aparecer por sorpresa en el campo el cadáver de una persona afecta (al parecer) a la revolución, pero sin que conste oficialmente ni sea notorio que ha sido condenada a muerte por la autoridad legítima, hágase constar simplemente que “apareció su cadáver en el campo... y recibió sepultura eclesiástica”, pero guárdense muchos los señores Párrocos de sugerencia alguna que revele al autor o la causa de esa muerte trágica”

memoria ha dit...

Y decía el Obispo Miralles de Mallorca: "Sólo un 10 por ciento de estos amados hijos nuestros han rehusado los santos sacramentos antes de ser fusilados por nuestros buenos oficiales".

El cardenal Gomá dijo en Budapest, durante el Congreso Eucarístico celebrado en aquella ciudad en mayo de 1938: "Paz, sí. Pero cuando no quede un adversario vivo".

En decenas de páginas web y en cientos de trabajos, investigaciones y tesis publicados en los últimos años podemos leer un sin fín de testimonios:
“El cura de Valderas (León), con su pistola al cinto, marcaba los objetivos a eliminar por las escuadras de la muerte de los sublevados. En los tres primeros días del golpe y con la colaboración del sacerdote, la represión en este pueblo se llevó por delante a unas 120 personas”

Según puede leerse en un artículo de investigación de Alfredo Disfeito, Andreu García Ribera y Federico Pérez-Galdós publicado en el periódico EL OTRO PAÍS), “aquellas ejecuciones (decía Yagüe), eran gratamente presenciadas por res¬petables y 'piadosas' damas”, según escri¬bió Martínez Bande en La marcha sobre Madrid; también aplaudían “los jovencitos de San Luis, eclesiásticos, virtuosos frailes y monjas de alba-toca”. “Las ametralladoras no paraban. Hasta tal punto que, varias veces, fueron reemplazados los ti¬radores. Entre los que nunca faltaban, el cura Isidro Lombas Méndez un gran cazador de rojos...”.

El cura de Obanos (Navarra), Santos Beguiristáin, participó activamente en la lucha contra los vecinos republicanos de Azagra y destacó por su afición a elaborar listas . Los fusilados (71) los catalogaba como "muertos por el peso de la justicia".

“En la cárcel franquista de la isla de San Simón, Galicia, un cura con su pistola al cinto se encargaba de administrar justicia y ésta no era divina precisamente”.

El padre Vendrell, sacerdote jesuita, diría a los republicanos prisioneros que iban a ser fusilados de madrugada: "No tened miedo, porque los moritos tienen muy buena puntería y no os harán ningún daño", y agregaba con fervor: "Vosotros sí que sois bienaventurados, puesto que conocéis el momento exacto en que ha de veniros la muerte, y así podéis poneros en paz con Dios, que es lo único que debe importaros".